Publicado el abr. 2026
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En los últimos meses, he tenido el privilegio de visitar instituciones de educación superior en varios continentes, desde los Estados del Golfo hasta Irlanda, y desde Europa hasta Australia. Estas visitas han reforzado algo en lo que siempre he creído: aunque los contextos en los que trabajamos puedan diferir, los retos fundamentales a los que se enfrenta la educación superior son notablemente similares más allá de las fronteras.
Los puntos en común
Ya sea en Dublín, Dubái o Darwin, las universidades se enfrentan a presiones similares. Los modelos de financiación diseñados para una época diferente se están viendo sometidos a una gran presión debido al aumento de la participación. Las expectativas de los estudiantes en cuanto a flexibilidad, empleabilidad y apoyo han evolucionado más rápido que muchos de nuestros sistemas. El rápido avance de la inteligencia artificial (IA) está planteando profundas preguntas sobre qué y cómo enseñamos. Y las tensiones geopolíticas están complicando las colaboraciones internacionales que han enriquecido nuestro sector durante décadas.
Durante mis recientes visitas, me llamó la atención la franqueza con la que mis colegas debatían estos retos en contextos tan diversos. Nadie pretendía que ninguna institución o región tuviera todas las respuestas. En cambio, había una refrescante apertura a aprender de las experiencias de los demás, tanto de los éxitos como de los reveses.
Lo que está funcionando
Algunos de los avances más prometedores que he observado no son reinvenciones drásticas sino más bien adaptaciones bien pensadas. Las plataformas de aprendizaje digital no se están implementando para sustituir la enseñanza presencial, sino para mejorarla y ampliar el acceso a quienes de otro modo podrían quedar excluidos. Las colaboraciones con las empresas están evolucionando más allá de los programas tradicionales de inserción laboral hacia un auténtico diseño conjunto de planes de estudios que respondan mejor a los resultados de los titulados y a las necesidades económicas.
Las instituciones también están reconsiderando sus estructuras de gobierno, buscando la agilidad necesaria para responder a los rápidos cambios sin dejar de mantener la integridad académica. Desde Melbourne hasta Manchester, las universidades han creado vías más claras para el desarrollo del personal, reconociendo que el cambio organizativo depende, en última instancia, de la capacidad de las personas para liderar y adaptarse.
En diferentes contextos, existe un creciente reconocimiento de que la inclusión no es simplemente un imperativo moral, sino también práctico. Cuando las universidades reflejan y atienden a sus comunidades diversas de manera más eficaz, los resultados mejoran y la reputación se fortalece.
Preguntas que todos nos hacemos
Sin embargo, las conversaciones sinceras también revelan incertidumbres persistentes. ¿Cómo equilibramos la sostenibilidad financiera con nuestra misión educativa fundamental? ¿Cómo preparamos a los estudiantes para carreras que aún no existen? ¿Cómo mantenemos la calidad al tiempo que ampliamos el acceso? ¿Cómo preservamos la autonomía institucional al tiempo que respondemos a expectativas externas legítimas?
Estas no son preguntas con respuestas universales. Cada institución debe encontrar su propio camino, moldeado por sus circunstancias particulares, misión y comunidad. Pero el valor del intercambio internacional radica precisamente en comprender cómo otros se enfrentan a dilemas similares.
El camino a seguir
Si hay un denominador común entre las instituciones que han sabido sortear estos retos con éxito, es este: la transformación requiere valor, pero no tiene por qué significar abandonar los valores fundamentales. Los líderes más eficaces con los que me he encontrado, ya sea en Asia, Europa, Oriente Medio u Oceanía, no son aquellos que afirman haber encontrado soluciones perfectas, sino aquellos dispuestos a experimentar, aprender de los fracasos y ajustar el rumbo.
Esto exige varias cosas. Un liderazgo que se sienta cómodo con la ambigüedad y esté dispuesto a tomar decisiones difíciles. Unas estructuras de gobernanza que facilite, en lugar de limitar, la capacidad de respuesta institucional. Inversión en el desarrollo de la capacidad de liderazgo de las personas cambio. Y, lo que es más importante, un cambio en la forma de ver a otras instituciones como meros competidores considerarlas como posibles colaboradoras y fuentes de conocimiento.
La comunidad internacional de la educación superior posee una sabiduría colectiva extraordinaria. Ya nos hemos enfrentado a perturbaciones anteriormente, cambios demográficos, revoluciones tecnológicas, crisis económicas, y nos hemos adaptado. Los retos actuales son formidables, pero no insuperables.
Un esfuerzo compartido
Lo que me da confianza es la calidad del liderazgo que encuentro a nivel mundial. Durante mis recientes viajes por tres continentes, conocí a vicerrectores, rectores y equipos directivos que combinan un profundo con una genuina apertura a nuevas. Entienden que sus instituciones deben evolucionar, pero están convencidos de que esa evolución debe guiarse por los valores educativos, y no simplemente por las presiones del mercado.
Ninguna organización o región tiene el monopolio de las buenas ideas. Las instituciones que están logrando avances reales son aquellas que miran activamente hacia el exterior, aprenden de sus homólogos a nivel internacional y crean espacios para un diálogo honesto sobre lo que funciona y lo que no.
Advance HE existe para facilitar precisamente estas conversaciones, no para prescribir soluciones, sino para reunir a líderes, compartir prácticas y apoyar a los colegas mientras recorren sus propios caminos institucionales. Nuestra fortaleza radica en nuestra diversa membresía internacional, que abarca 34 países y reúne diferentes perspectivas y enfoques ante retos comunes.
La transformación que necesita la educación superior no se impondrá desde fuera. Surgirá de la sabiduría colectiva de los profesionales de todo el mundo, cada uno de los cuales aportará ideas moldeadas por sus propios contextos. Es un proceso que tenemos el privilegio de apoyar, y que me llena de auténtico optimismo sobre el futuro de nuestro sector.